Síntoma & Sinthome… De la libertad a la valentía



Por: Mtra. Psic. Clín. Fátima Adriana García Cabrera

Investigadora del orden social desde el psicoanálisis

La mujer no nace, se hace.

Simone de Beauvoir

Hoy en día, el discurso del ciudadano gira en torno a la violencia constante que opera de distintas formas en nuestro estado, pues la desaparición forzada, violaciones, extorsiones, homicidios por adquirir el poder y control de ciertos territorios y los denominados feminicidios, ponen de manifiesto el terror y la atrocidad en grandes dimensiones, permitiéndonos entender, que se trata de un fenómeno que va más allá y que al mismo tiempo nos coloca frente a un malestar en la cultura.

Cuando de crueldad se trata, es la historia quien nos ha demostrado en distintos momentos, que el ser humano es capaz de cometer los peores actos de brutalidad, pues la vejación corporal, amputaciones de manos y pies, masacres, técnicas para someter pueblos enteros, entre otros, revelan que, desde la antigüedad, la humanidad ha sido víctima del mismo hombre, ya que su organización social siempre ha sido conflictiva y colmada de violencia.

El ser humano, es violento por naturaleza y siempre mantendrá esta condición de malestar, que me atrevo a decir, es un malestar crónico. Cuando recibimos las noticias desagradables a través de los distintos medios de comunicación, pareciera que los recursos políticos se han agotado, siendo que el ciudadano culpa al sistema por la inseguridad que impera en nuestro estado, colocándonos en situaciones de franca injusticia y desesperanza.

Si bien, la violencia se ha acrecentado, no es casualidad que Puebla haya alcanzado la cifra más alta de secuestros desde el 2014 de acuerdo al Sistema Nacional de Seguridad Pública y, de igual manera, los feminicidios parecen no cesar, pues lamentablemente, se ha generado una alerta de un incremento considerable en el número de casos.

Sin embargo, el discurso de personas de la tercera edad hace referencia a que en décadas anteriores, la gente podía caminar tranquila y segura por las calles, sin importar que fuera de día o de noche; los niños, podían pasar horas jugando fuera de su casa con otros más cercanos sin que nada malo pudiera sucederles, pero entonces; en qué momento la violencia silenciosa cundió entre los habitantes de Puebla, al grado de que el riesgo ya no solo es latente para los niños, sino también para los jóvenes, adultos y mujeres en su condición genérica en los denominados feminicidios.

Recordemos que el feminicidio, se define como el crimen de una mujer por el simple hecho de serlo.

Quiero señalar, con el total y absoluto respeto que merece el caso que abordaré a continuación y especialmente a los familiares de víctimas. Mucho se ha escuchado hablar del caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, cuyos episodios ocurridos en la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 dieron la vuelta al mundo y siguen dando de qué hablar, pues los estudiantes desaparecidos y asesinados por cuestiones políticas en manos de la policía de Iguala, aunado al grupo delictivo guerreros unidos, ha generado una gran controversia y ha sido motivo de diversas discusiones en todo el país.

No obstante, la última noticia que supimos de ellos fue la ceremonia de graduación de la generación a la que pertenecían en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, donde en un pequeño fragmento del discurso, el vocero de estudiantes graduados comentó:

“Es un verdadero honor para mí tomar la palabra en nombre de todos mis compañeros graduados en este día tan especial. Un día que marca el fin de una etapa importante en nuestras vidas. Hoy tenemos un cúmulo de sentimientos encontrados. Atrás quedan muchos recuerdos, recuerdos que nos acompañarán por el resto de nuestros días”

Sin embargo, ¿por qué cuando las mujeres son asesinadas, no se genera la misma controversia?

En Puebla, se registraron en tan solo una semana seis feminicidios de los muchos tantos que han ocurrido en nuestro estado y con señales de extrema violencia, pero en un mes, en dos ¿quién hablará de ellas? ¿quién hablará de Zendy Guadalupe el día que se gradúe su generación de enfermería, o de los sueños de Rocío, o lo que más amaba hacer Fernanda, etc.? ¿Acaso pasarán a ser solo una cifra dentro de la contabilidad de casos, si es que bien les va?

Cabe destacar, que muchas mujeres víctimas de feminicidio quedan en el olvido, siendo que muchas de ellas fueron abandonadas en parajes, al pie de alguna carretera, incluso en aguas negras como si se hubieran tratado como de objetos de desecho y, al no ser identificadas, se da carpetazo a estos crímenes quedando en la total injusticia que, a comparación de Ayotzinapa, aunque también hay muestras claras de una gran impunidad en la falta de protocolos en las investigaciones, el caso ha sido mirado por todo el mundo, incluyendo al Sumo Pontífice en Roma.

Esta violencia feminicida se relaciona con hombres agresores que tienen a repetir su propio drama familiar, y en este escenario, la violencia se origina por la dificultad para tramitar la agresividad propia de los seres humanos de una forma civilizada. Entonces allí, donde pienso no actuó, donde no pienso, actúo.

De ahí, el incremento de la violencia en nuestro estado, pero por qué si hoy en día “aparentemente” se cree saber mucho de la educación de los niños, como para vivir en una sociedad mejor, los mismos padres están siendo rebasados por sus propios hijos. Entonces, algo no está funcionando

Quizá la falta de límites, el frustrarlos un poco, el decirles No a tiempo ¿no creen?


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Manuel Ponce de León 

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