“Es tu culpa... sin cuestionamientos”



Síntoma & sinthome 

…La vida sigue,moviéndose, para bien y para mal. Aquí nos tocó vivir… J. Ignacio Mancilla Desafortunadamente, el espacio donde ocurre la violencia hacia a la mujer no es externo , sino en su contexto más cercano, pues la mayor parte de las transgresiones han sido consumadas por parejas, ex parejas, parientes, novios, esposos, acompañantes, amigos, etc. Al nombrar el feminicidio como síntoma social, la mujer es pensada a través del discurso de género que pretende llevarla a lo más alto de las nuevas ficciones jurídicas, es decir, a las políticas establecidas como: la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, la alerta de género, las recomendaciones de la comisión nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, entre otras. Las circunstancias por las cuales es nombrado el feminicidio desde Marcela Lagarde (2006) en nuestro país se evoca a la privación de la vida y se relacionan con los siguientes aspectos: Existan antecedentes de violencia en el contexto familiar, laboral y escolar. Exista entre los implicados una relación sentimental; afectiva o de confianza. Amenazas del hecho delictuoso hacia la víctima. Existan signos de violencia sexual. Se haya infligido lesiones o mutilaciones, infamantes, degradantes previas o posteriores a la muerte. Exista exposición y exhibición del cuerpo en un lugar público. Lo anterior se asentó en el documento “Sobre la violencia feminicida en México, aproximaciones y tendencias 1985 - 2014” (Echarri, 2016) Es importante considerar que la mayoría de los casos de feminicidio, los agresores tienen una justificación por la cual culpan a las víctimas de su propio asesinato, es común entre los agresores escuchar: -Me pidió que la matara, -Ella se lo busco, -Me fue infiel. Desde la mirada del psicoanálisis, se atribuye a tomar en cuenta estos actos de violencia extrema sobre las mujeres pues, estas incidencias están relacionadas con la vida psíquica de los sujetos implicados Hombre-mujer, así como las condiciones sociales que surgen como parte de la sintomatología instaurada en cada individuo que va de lo particular a lo colectivo y viceversa, es decir, del núcleo familiar a lo social y lo social, recayendo nuevamente en lo familiar, creando así un efecto boomerang. De ahí, el conflicto actual de culpabilizar a la autoridad, al gobierno, las instituciones, escuelas incluso entre familias justificando las acciones de estos hombres diciendo: “-Mi hijo no era así hasta que la conoció” “Ella tuvo la culpa”. En la actualidad se están produciendo nuevos modelos de vínculo , por lo que existe una imposibilidad de un encuentro armónico entre el hombre y la mujer como si los sujetos en cuestión fueran sustituibles por “algo”. No se puede pensar en un mundo sin violencia porque el malestar está en la cultura, no obstante, en lo que sí se puede pensar es en un mundo sin insultos, golpes y maltratos pues es el individuo quien se permite acceder a la violencia y son estas formas las que habría que cambiar para posibilitar al sujeto moverse y no destruirse. Pero, ¿Por qué pese a la existencia de políticas públicas para la erradicación de la violencia, se siguen cometiendo feminicidios? Tal vez lo que se busca, es que los sujetos lleguen a cuestionarse sobre la responsabilidad de sus propios actos. Y, ¿Cuánta gente transita por la vida sin cuestionarse? Por: Mtra.Psic.Clin. Fátima Adriana García Cabrera Mtra. Psic. Clin. María Estela Morales Francisco Investigadoras del orden social desde Psicoanálisis 


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Manuel Ponce de León 

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