La mujer en la historia y la cultura



"Los únicos que pueden detener la violencia son quienes la ejercen"

- Marta Torres Falcón Estimados lectores, si yo le preguntase a cada uno de ustedes: ¿qué es lo primero que piensan cuando escuchan la palabra violencia? ¿cuál sería la primera imagen que aparecería en su mente? Quizá pensarían en ataques terroristas, homicidios, secuestros, guerras mundiales, agresiones racistas u homofóbicas, delincuencia tanto a transeúntes como a transporte público, abusos sexuales, tortura, feminicidios, violencia en el hogar, por narcotráfico, etc. Sin embargo, cuando pensamos en la violencia hacia la mujer, pareciera que los malos tratos hacia ella, funcionan como un emergente de las relaciones basadas en el poder dentro de nuestra sociedad patriarcal y de la expresión de los roles de género que se han promovido desde épocas remotas entre los hombres y las mujeres, pues es la sociedad quien ha establecido los roles que los individuos, desde pequeños deben desempeñar, por ejemplo: “los niños no lloran, son valientes y les gustan los juegos toscos”, “las niñas son dulces y tiernas, juegan solamente al té y con muñecas” Si analizamos el concepto de cultura desde la antropología, se puede definir como el conjunto de rasgos y características que permiten a un determinado ser humano o grupo establecer relaciones, sin embargo, hay que mencionar, que la cultura no deriva de un proceso de evolución, más bien, es resultado de acontecimientos que serán imitados y transmitidos de generación en generación. Nuestra sociedad contemporánea, considera una serie de actitudes y características donde los hombres insertan lo masculino y las mujeres asumen lo femenino, las cuales, siempre han estado en terrible desventaja, pues está comprobado que aún en los lugares más vulnerables, aún en la pobreza más extrema, se construyen jerarquías, ya que, de acuerdo a las distintas sociedades, siempre ha existido la necesidad de dominar al más débil que, por lo general, siempre es la mujer. Por lo tanto, para entender la violencia que día a día permea nuestra sociedad, es necesario conocer cómo se ha desarrollado ésta a lo largo de la historia, y basándonos en este estudio, vemos que el hombre siempre ha encontrado una justificación para ejercer maltrato y se ha adjudicado por cultura, privilegios por encima de la mujer. 

Es por ello, que se requiere profundizar en el análisis de las distintas formas de agresión hacia ella y para muestra, quisiera tomar algunos discursos de la película “Los tres alegres compadres”, protagonizada por Jorge Negrete, Pedro Armendariz, Andrés Soler y Rebeca Iturbide. Aunque esta película se consagró como una de las más importantes en los años 50´s, fue durante la Época de Oro del cine mexicano, donde se retrató el papel de la mujer frente a un machismo, pues el estereotipo de ella fue mostrado como débil, sumisa, ama de casa y sin poder ejercer plenamente su derecho a la palabra. Jorge Negrete, en su papel de “Pancho Mireles”, muestra a un hombre cosificado, infiel, inmerso en el discurso patriarcal, que, además se tramita el permiso para perseguir mujeres, jugar con ellas, tocarlas sin que éstas, por cultura, pudiesen poner en palabra su malestar ante tal hostigamiento. Y cuando digo cosificado, me refiero a que el hombre por cultura, también adquiere ciertos comportamientos que lo hacen ser hombre, macho frente a la sociedad. Recordemos que, en esta historia, es el padre “Juan Mireles” (Andrés Soler) quien decide no enviar a sus hijos a la escuela, pues es él quien les enseña a sus hijos lo que tienen que saber, por lo tanto, los hijos aprenden desde temprana edad que a las mujeres se les domina, fortaleciéndose también del discurso exterior, es decir, de los demás hombres a su alrededor que de igual manera, tienen el mismo concepto sobre la mujer, y las mismas madres quienes los crían con esos “privilegios” si es que se le puede llamar así. Dentro del discurso otorgado por “Baldomero Mireles” (Pedro Armendariz), destaca: - “Las mujeres son la causa de todititos los desastres, si no fuera un animal tan indispensable” - “A las mujeres y al dinero no los dejes encerrados, que rolen mucho para agarrarlos cansados. - “Es mi mascota, vino de manos de una mujer” - “El buen gavilán no chilla, nomás agarra y levanta el vuelo” ¡Qué grave pensar todo esto, pero más grave pensar a las mujeres como animales indispensables! Sin embargo, este tipo de retratos vistos desde el orden social, en nada discrepan a nuestra realidad contemporánea, pues, por ejemplo si asociamos esta película a la violencia urbana, podemos observar las diversas manifestaciones de agresión sexual que sufren las mujeres y un ejemplo claro es el hostigamiento, pues en nuestra sociedad, el hombre se siente con el derecho de transgredir a la mujer con una mirada lasciva, ya sea en la calle, en el transporte público, en lo laboral, en la misma familia, expresando de manera soez sus características físicas sin el menor respeto y sin sentir la más mínima culpa, siendo que muchas han pasado por la terrible experiencia de haber sido tocadas, violadas y en el peor de los casos, asesinadas. Creo, todas las mujeres, en cualquier parte, en mayor o menor grado, hemos sido víctimas de estas agresiones. Debo aclarar que, este tipo de violencia en sus distintas manifestaciones, no solamente compete a la vida urbana, ni tampoco es efecto de las sociedades modernas, pues cuando la violencia social incrementa, como lo hemos estado viviendo día a día, somos precisamente las mujeres quienes corremos el mayor riesgo. Sin embargo, ¿de dónde aprende un hombre a comportarse de esta manera? ¿en qué momento aprende que las mujeres son débiles y pueden ser maltratadas, sobreexpuestas, y en casos extremos, comercializadas o asesinadas? Se supone, que el ser humano nace totalmente dependiente, pues requiere de una madre que lo nutra, lo limpie, lo cambie, lo estimule, le de la sustancia vital que es el amor y algo que lo distingue de los animales, es precisamente la entrada del lenguaje, por lo tanto, el sujeto es efecto de la madre, entonces ¿Hasta cuándo la mujer va abrir los ojos y va a dejar de tratar a los hijos varones con tantos privilegios? Al vincular la violencia con el entorno social, se hace alusión nuevamente a la cultura que permite o restringe determinados comportamientos del sujeto, por eso es necesario insistir en el peso que tiene la sociedad frente a esto. Lo más lamentable, es que la mujer a través de la cultura y educación, ha generado que el hombre sienta estos privilegios y por lo tanto esas diferencias sean notorias. 

Entonces mujeres ¿Hasta cuándo?

Autora: Fátima Adriana García Cabrera Investigadora del orden social y psicoanálisis Licenciada en Educación Primaria Maestra en Psicología Clínica Infantil UPAEP 


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Manuel Ponce de León 

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