Síntoma & Sínthome  Desencuentro social: La otra cara de la impunidad



Por María Estela Morales Francisco y Fátima Adriana García Cabrera.

“Imparable el crimen contra la mujer”

“Cuántos feminicidios más puede soportar México”

“Estados registraron 1640 casos de feminicidio en 3 años”

“ONU: en México se cometen siete feminicidios al día”

Estos y más encabezados se leen diariamente en diversas fuentes periodísticas, parece ser que este tipo de titulares son tan comunes, prueba de ello que el registro de asesinatos de mujeres bajo condiciones de feminicidio, sigue aumentando.

Desde que esta columna inicio su publicación, se ha invitado al lector a reflexionar acerca del tema de la violencia contra la mujer desde diversos puntos de vista.

Se ha realizado un recorrido desde lo histórico, lo social y cultural sobre aspectos relacionados con respecto a esta situación problemática de violencia desmedida hacia mujeres y niñas en nuestro país.

Nombrar a la violencia, sus características, orígenes o causas latentes, es una acción que debe estar incluida en la agenda presidencial, de instituciones gubernamentales, de asociaciones civiles y diversas organizaciones sociales, académicas y feministas, para su investigación, atención e intervención desde lo familiar hasta lo social, y viceversa.

Desde los objetivos que tiene la violencia, recayendo en la proliferación de actos que expone la repetición y diferencia de la experiencia traumática de la irrupción de la ley por la entrada en el lenguaje, en dicha experiencia se funda la autoridad que recae en el padre, entendiendo al padre como función (también la madre posibilita esto) es decir, el sujeto introyecta el límite de lo subjetivo, y el lenguaje que le habita, es lo que le permite dar acceso a la palabra, y no cometer acciones transgresoras que impliquen delitos contra la vida, como lo es el feminicidio.

Al revisar las estadísticas que exponen en su diagnóstico del feminicidio los representantes de la A.C. “Nuestras hijas de Regreso a casa” en la solicitud de una audiencia al virtual presidente electo de México, se observan los siguientes números: • En México se cometen siete feminicidios al día. • En los últimos 25 años 52 mil 210 muertes de mujeres, han sido por asesinatos. • Entre las mujeres mayores de 15 años, 43.2 por ciento (30.7 millones) sufrió algún incidente de violencia de su pareja, y 64.3 por ciento ha sido víctima de agresiones físicas o sexuales con consecuencias emocionales. • También mencionaron que Idheas Litigio Estratégico en Derechos Humanos documentó que de 37 mil 435 desaparecidos en la década pasada, 9 mil 522 son mujeres.

Estos son los números del feminicidio en nuestro país, a lo largo de esta investigación, se ha intentado explicar las posibles causas que inciden en los crímenes contra mujeres, ubicando estos actos en una sociedad instaurada en la cultura del Ginecocidio.

En nuestra sociedad existe la violencia simbólica encarnada en el lenguaje y sus formas, en este sentido todo lo que implica en la dominación masculina instaurada, del hombre sobre la mujer, no se afianza en los principios democráticos. En la actualidad existen voces que gritan entre la dominación y la igualdad, pues la primera instaura condiciones sociales que se conciben como naturales e irreversibles, en todos los sectores socioculturales no sólo en los privilegiados.

Tal como se ha mencionado en artículos anteriores, los “dominados” piensan con las categorías mentales heredadas de los dominantes, por ello se ha escrito sobre la descolocación del sujeto ante la violencia exacerbada.

Por tanto, el feminicidio debe ser atendido como “emergencia nacional” como lo expone la comunicadora y activista Frida Guerrera Villavalzo, quién lleva el conteo, investigación y seguimiento de los casos que suceden a lo largo y ancho del país, pidiendo justicia para atender la impunidad que prevalece en la mayoría de los casos denunciados con el agresor identificado; no se puede seguir con la misma dinámica, como el caso de Ciudad Juárez, dónde la indignación se extendió por la indolencia y resistencia de las autoridades responsables de aclarar esos delitos.

El reclamo de diversos grupos y activistas sociales, inmersos en la investigación y seguimiento de todos los casos de feminicidio en el país, es que el Estado tome cartas en el asunto.

Hasta el día de hoy todo lo referente al feminicidio, se ha visto desde una mirada sensacionalista, o encabezando las “notas rojas” de diversos medios periodísticos, pero sin un lugar prioritario para atender, parece ser que en la mirada dominante existe un disfrute perverso por el aumento de estos hechos y por mostrar imágenes fuertes y dolorosas para los familiares, amigos y cercanos de estas mujeres y niñas, que aunado a su pérdida indescriptible y en muchas ocasiones innombrable, se tiene que lidiar con el morbo y la ineficacia de las autoridades, creando vacíos legales en estos casos. Por ello, la importancia de que el Estado, intervenga para evitar que las desigualdades en estos casos continúen reproduciéndose.

Nuestro país requiere una resignificación de la violencia contra las mujeres, es decir, todo acto de violencia ejercida en niñas y mujeres, debe ser basado en el género.

En este sentido se busca hacer visible lo construido desde lo cultural, político y social en la diferencia de los sexos para evidenciar la discriminación estructural dirigida a las mujeres, que va desde un injusto reparto de roles sociales, culturalmente aprendidos a través de una sociedad patriarcal.


Autora: Mtra. Psic. Clin. María Estela Morales Francisco. Coautoría: Mtra. Psic. Clin. Fátima Adriana García Cabrera. Investigadoras de lo social desde el Psicoanálisis. 


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