Síntoma & Sinthome:“Del lugar otorgado a la descolocación… de la mujer”


“Donde el lenguaje se detiene lo que sigue hablando es la conducta” - Francoise Dolto

El asesinato, es la forma más grave de violencia simbólica, psicológica y física, cuando se llega a este extremo, no hay palabra que sostenga este acto, no existe mediación alguna del lenguaje, en relación a mujeres ultimadas, estas solían tener una historia como víctimas y, por tanto, este acto fue la culminación de una larga trayectoria de episodios violentos que comenzaron con una agresión leve y progresivamente fueron aumentando de intensidad. 

Este discurso, conlleva a mirar a la mujer como víctima de una sociedad patriarcal y al mismo tiempo como víctima inconsciente de sus elecciones, pues en muchas ocasiones es ella quien de manera aparentemente “voluntaria” se instaura en ese lugar de violencia.

Hoy en día, es común escuchar en el discurso de maltrato de un hombre hacia la mujer, dónde las palabras son referencias de esta interacción, encubiertas en frases como: - Me pegó, -se fue con otra y aun así lo extraño, -lo amo, aunque controle mi economía, mi forma de vestir, de maquillarme, -me pega porque me quiere…etc.

Otra de las aristas de esta violencia a la mujer, se puede mirar a través de las redes sociales, sobre las cuales el velo de la intriga juega un papel relevante, pues cuántas mujeres que han sido víctimas de violencia incluso en los casos más graves, desde conocer a sujetos para establecer una relación íntima hasta caer en manos de trata de personas, esta urgencia o necesidad por “vivir” experiencias distintas, las y se colocan en situaciones de riesgo y vulnerabilidad.

Pero ¿por qué a pesar de las advertencias emitidas por diversas instituciones y organizaciones, la mujer sigue siendo presa fácil del ejercicio del poder y control?, ¿por qué existe una identificación entre ambos?

Quizá podría caber la posibilidad de revisar su pasado, su infancia, sus formas de crianza y, pareciera que nuevamente habría que replantear el tema de la familia, pues hasta hace muy poco, no se había reconocido la violencia dentro del hogar. 

Si nos detenemos a analizar también las prácticas educativas que ahora se condenan por irracionales y violentas, siendo que, en el pasado como parte de la cultura fueron consideradas como técnicas normales y legítimas. 

Los golpes, fueron una costumbre muy extendida dentro del hogar que, “sin querer” el sujeto aprendió a disculpar las bofetadas, jalones, cinturonazos, ya que se consideraban como prácticas educativas.

Hay que tomar en cuenta, que quienes han ejercido el maltrato tanto físico como psicológico dentro del hogar han sido siempre las figuras y funciones de autoridad, por lo tanto, el golpe, la amenaza no es cuestionable y por ende, en la etapa adulta tampoco se cuestiona la violencia hacia el marido, novio, amigo, patrón, etc.

Dentro de esta cultura patriarcal, estos "golpes” además de la diversidad de maltratos se siguen practicando para someter y controlar, sin embargo, al vincular la violencia al entorno social, se hace alusión nuevamente a la cultura que permite o restringe determinados comportamientos del sujeto, por eso es necesario insistir en el peso que tiene la sociedad frente a esto. 

En la columna pasada se analizaron algunas frases de canciones donde pareciera que la violencia se normaliza, incluso no se mira como mujer sino hasta que tiene relaciones sexuales con alguien que se coloca en un grado de superioridad frente a ella, pues muchas canciones conllevan la frase – Yo la hice mujer… entonces ¿Qué era la mujer antes de? O si la mujer permanece sin tener relaciones sexuales ¿cómo es nombrada?

Detrás de cada acto de violencia, está no solamente la estructura social y la fuerza de sus instituciones, pues también están implícitos la cultura, costumbres, tradiciones aunado al peso de comportamiento de cada sujeto; observar y revisar estos aspectos brindarían la posibilidad re-describir el discurso en el que estamos inmersos.

Esto de ninguna manera justifica la violencia hacia la mujer, sin embargo, los hombres agresores llevan la marca de un drama silencioso que repiten compulsivamente, es decir se encuentran atrapados en un espiral de destrucción, pues la mayoría de las veces, el sujeto actúa, golpea, viola, mata, sustituyendo el lenguaje por este tipo de acciones. 

Está claro que no podemos seguir así.

¿Hasta cuándo vamos a tomar cartas en el asunto? Todos y cada uno.

Por: Mtra: Psic. Clin. Fátima Adriana García Cabrera Mtra: Psic. Clin. Estela Morales Francisco Investigadoras del orden social desde el psicoanálisis. 


COMENTARIO DEL DIA.

¿Cuantos más alcaldesa?

 

Y siguen los decesos en la capital poblana a causa de la terrible violencia generada por grupos delincuenciales que operan gracias a la impunidad e inoperancia de la Secretaría de Seguridad Ciudadana a cargo de Lourdes Rosales Martínez. Ayer un comandante perdió la vida en cumplimiento de su deber en Minerales del sur después de una persecución y balacera.

Una familia a se ha quedado en la orfandad por este terrible fenómeno que la alcalde Claudia Rivera Vivanco se niega a reconocer. ¿Cuántos muertos más necesita para realizar el cambio en esta secretaria?  

Y es que la única que goza de protección en la capital es la edil.

Los demás seguimos a merced de la delincuencia.

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